La poesía de León Felipe
Escrito por: Luís Martínez González en ArticulosVía: La poesía de León Felipe

Walt Whitman
Respondía un gobernante español del siglo XX, cuando se le preguntaba por Valle-Inclán, que era “un eximio escritor y un extravagante ciudadano”. Y, quizá sea éste segundo el calificativo que mejor casa con la vida y la obra del poeta León Felipe.
Efectivamente, su vida fue extravagante en el sentido etimológico de la palabra, pues estuvo en continua mudanza de un lugar a otro, desempeñando las más variadas profesiones, como veremos más adelante ; y, en lo que respecta a su obra, aunque a nosotros nos parece excelente, parece que a él no le sugería la misma opinión.
Esto que acabamos de señalar no es baladí pues León Felipe se “arrepintió” públicamente de su creación en 1.959, en carta a Camilo José Cela : “Estoy avergonzado de haber escrito la mayoría de mis versos. Casi todos no son más que actualidad. Al final creo que no he sido más que un reportero con un énfasis de energúmeno. He tenido una voz irritable, irritante y salvaje sin freno y sin medida, y sólo en algunos momentos, muy pocos, he sabido rezar. La poesía no es más que oración. Ahora, como cuando escribí mi primer libro, creo que no es más que oración. Oración fervorosa. O piadosa y reposada. Aquel mi primer libro se llamaba “Versos y oraciones del caminante”. Tres o cuatro poemas de ese libro y estos últimos que me ha publicado usted en sus “Papeles” son lo único que yo salvaría”.
Puede ser esto sincero o ser un caso de falsa modestia, pero en cualquiera de ambos debemos decir que el poeta era muy injusto consigo mismo, pues León Felipe ha escrito algunos versos hermosísimos.

León Felipe en su juventud, junto a su padre y su hermano
Felipe Camino Galicia de la Rosa – que era su verdadero nombre – nació en Tábara, Zamora, en 1.884, y murió en México, en 1.968. Como señalábamos anteriormente su vida fue un continuo deambular : tras licenciarse en Farmacia, regentó varias en distintos pueblos. Después, recorrió el país como cómico en una compañía de teatro. Tras pasar tres años en la cárcel por desfalco y un matrimonio desgraciado, lleno de deudas a causa de su vida bohemia, marchó a Guinea Ecuatorial, donde vivió tres años. Desde allí, pasó a México, donde trabajó como bibliotecario, y a Estados Unidos, país en el que ejerció de profesor universitario de literatura española. Tras un segundo matrimonio, regresó a España. Con la guerra, fue militante republicano hasta 1.938, año en que se exilia definitivamente, de nuevo en México, donde trabajó como agregado cultural de la embajada de la República. Como podemos ver, es una vida llena de sobresaltos.
En lo que respecta a su poesía, lo primero que debemos de señalar es que León Felipe, que se inicia como poeta en los años finales del Modernismo y cuando alborean las vanguardias, no se adscribió ni a uno ni a otras. Siempre fue a su aire. Valgan estos versos suyos como manifiesto poético :
“No quiero el verbo raro
ni la palabra extraña.
Quiero que todas,
todas mis palabras
-fáciles siempre
a los que aman-,
vayan ungidas
con mi alma”.
En efecto, nuestro poeta es un iconoclasta, ajeno a cualquier tendencia poética. Escribe sobre todo lo que contempla y para todos los que quieran escucharle. No busca las galas ornamentales ni la emoción sentimental, sino ser – como él mismo señalaba en el texto anterior – un reportero de la vida, sin que eso suponga prosaísmo, pues la vida es, más que nada, sentimiento. Aunque, eso sí, a veces es un reportero que más parece reñir que informar. Su tono es enérgico, de proclama o arenga, a veces cuasi religiosa, que se acentuará aún más con sus versos de guerra.
Podríamos distinguir, básicamente, en su producción poética dos periodos fundamentales.
El primero alcanzaría hasta la Guerra Civil y en él prima el lirismo, aunque, como señalábamos, nada ensimismado, sino fuerte y sincero. El libro fundamental de este periodo es “Versos y oraciones del caminante”, aparecido en 1.920. Se trata de una obra personalísima por el ritmo del verso libre, la andadura bíblica de sus paralelismos y de su carga religiosa y humana y por la desnudez coloquial de su léxico. Junto a él, “Drop a star”, de 1.933, viene a ser un vasto monólogo en que el autor se autoanaliza interiormente.

Estatua a León Felipe en Zamora
La guerra causa honda conmoción en el poeta y determina su obra posterior. Un pesimismo vital, una visión desesperanzada del futuro de la humanidad se apodera de él. Y, como consecuencia, su poesía se torna exaltada, vociferante, pero siempre con un hondo contenido humano. Él mismo lo señalaba cuando decía : “Yo no puedo tener un verso dulce que anestesie el llanto de los niñios y mueva suavemente hamacas como una brisa esclava. Porque yo no he venido aquí a hacer dormir a nadie”. En este periodo, junto a libros absolutamente panfletarios – “El payaso de las bofetadas”- aparecen otros en que plasma la injusticia del mundo, alcanzando niveles atemporales – “El hacha” o “Español del éxodo y el llanto”. En esta época se advierten ecos bíblicos en el tronar de sus palabras y de la poesía de Walt Whitman en su carga humana.
Constituye, en fin, León Felipe, un poeta único, pues nada tiene en común con sus contemporáneos. Poeta que podríamos llamar líricamente humano en sus comienzos, se abrió después a un existencialismo de cuño propio y, con ello, perdió en pureza poética. pero es ejemplo de autor fiel a sus convicciones y coherente con las mismas : siempre escribió lo que consideraba necesario, ajeno a influencias o modas de época. Lo que nadie puede discutirle es su originalidad y la belleza de algunos de sus poemas.
Desgraciadamente, hoy es un poeta poco recordado. Quizá la causa sea que vivió entre los brillantes creadores modernistas y la “generación del 27″, cuya extraordinaria capacidad poética está fuera de toda duda. Por ello, a la hora de escoger la lectura de un autor, las preferencias siempre recaerán en un Rubén Darío, un Lorca, o un Pedro Salinas, por citar sólo a unos pocos. No obstante, su obra merecería mejor suerte.
Imágenes: Wikipedia