Cerca de un pueblo, justo al sur de Rumania central, existen varias formaciones rocosas con extrañas características, latentes testigos del paso del tiempo; así es… hasta que llueve. No mucho después de que caen las últimas gotas de agua, empiezan un proceso de multiplicación.

Unas pequeñas formas ovaladas o redondas, como inflamaciones, aparecen en la parte superior. Mucha gente se asombra e incluso los vecinos se impresionan cuando después de una densa precipitación estas formaciones rocosas empiezan a “vivir”. Los vecinos las han apodado “piedras que crecen”.

Los trovants tienen un núcleo de piedra dura pero la cáscara está compuesta de arena, como la mayoría de los ejemplos que han sido encontrados en regiones arenosas. Los geólogos argumentan que las rocas son el resultado de un proceso de cimentación que ocurrió en esta región hace millones de años, y de algún modo se acepta que su existencia tiene raíces en las primigenias diagénesis.



Para la ciencia, estas piedras son concreciones de arenisca y las formas raras aparecen por una secreción irregular del cemento.

En 2006 construyeron un museo para contener algunas de estas rocas extraordinarias. Dentro de los muros y afuera del “Muzeul Trovantilor” (museo de trovants) en Costesti, un pueblo en la región de Valcea, los visitantes pueden ver varios trovants de formas y tamaños diferentes, desde pequeños ejemplos hasta algunos que superan los 10 metros de altura.

Fuente: Environmental Graffiti.

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