Prácticamente imposibles de encontrar en Europa, los monster son vehículos masivos y potentes dotados con cuatro enormes ruedas. Popularizados en los años 80 gracias al famoso Bigfoot, no dejaron de mejorarse hasta pasar a ser de verdaderas máquinas de guerra. Hoy la mayoría de los modelos se equipa con carrocerías tubulares y se benefician de suspensiones hidraulicas de alta tecnogía con la que pueden realizar curiosas acrobacias. Aunque competiciones oficiales de velocidad, eliminación o freestyle existen en los Estados Unidos, apenas son tomadas seriamente por los profesionales del automóvil que las asimilan a la lucha libre, puro espectáculo. Es necesario decir que el espectáculo y las sensaciones tienen un papel principal en las reuniones de este tipo de vehículos. Además, el folclore vinculado a estos vehículos decorados con un mal gusto del lo más ostentoso parece más destinado a un público de adolescentes retrasados que a los aficionados al deporte de alto nivel.

Quién dice adolescentes retrasados, dice inevitablemente videojuegos. Es pues bastante lógico que nos encontremos con un videojuego protagonizado por estos titanes de hierro en consolas y ordenadores. Si el título “Monster Jam” no dice demasiado tienes que saber que se trata de una famosa competición americana, difundida desde hace unos años gracias a la televisión. El videojuego del mismo nombre reanuda las pruebas y los vehículos más conocidos de la misma, que por cierto, tienen unos nombres de lo más ridículos como Grave Digger (cavador de tumbas), Bounty Hunter (cazador de cuerpos) o EL Toro Loco (jeje). Después de haber hecho tu elección entre los cuatro escenarios disponibles, el jugador debe seleccionar un monstruo de acero. Selección rápidamente efectuada puesto que solo su carrocería cambia. No hay estadísticas, ni personalización de vehículos posible como tampoco hay ninguna diferencia en la conducción de unos y otros. Se puede optar por circuitos que proponen pruebas de velocidad y eliminatorias o fases en las cuales nos podemos dedicars a otros menesteres como el Freestyle.



Mientras que el diseño de los monster trucks y de los circuitos es más bien simpático, uno se desilusiona inmediatamente después de haber echado la primera carrera. Ya que al mismo tiempo que se deberían sentir toneladas de acero bajo el mando, se tiene la impresión de conducir coches teledirigidos. Los vehículos son ligeros como plumas. Rebotan como cajas de cartón y hacen trompos con el menor obstáculo. En ningún momento, la física del juego tiene que ver nada con la realidad. Como si eso no fuera suficiente, la cámara se vuelve loca y nos pierde tras un giro de ciento ochenta grados. Resulta casi imposible controlar el vehículo entre tantos obstáculos. En cuanto a los monster trucos propiamente dichos se pueden destruir prácticamente todos los elementos del decorado y por supuesto utilizar trampolines para tocar el cielo. Cada acción nos sirve para ganar una serie de puntos que se pueden multiplicar efectuando combos y utilizando el nitro para hacerlo más rápidamente. Desgraciadamente nuestros vehículos se encajan unos contra otros, se atascan con una simple piedra mientras que son capaces de tirar casas enteras. Resumidamente, la conducción es incoherente y la física del juego la mayor parte del tiempo detestable.

Con todo, el potencial para divertirnos está presente. Los circuitos son numerosos y disponemos de itinerarios alternativos que ir descubriendo poco a poco. Sin embargo, los adversarios son fuertes y no cometen el más mínimo error de control. Digamos que si estás de buen humor pasarás cinco minutos divertidos con Monster Jam. En cambio, una vez que se vuelve de nuevo a las fases, los problemas de cámara pasan a ser tan determinantes que tu deseo será acabar cuanto antes. Tanto más cuando las pruebas de freestyle son soporíferas. Estos últimos consisten en realidad en hacer saltos sobre rampas y aplastar coches. El tiempo es limitado y si giramos el coche tendremos por respuesta un gameover inmediato. La prueba dura menos de dos minutos pero se hace eterna.

Entre sus insoportables defectos de conducción o visibilidad y sus pruebas inejecutables, Monster Jam decepciona y es una pena porque con un poquito más de trabajo el resultado hubiera sido interesante.

Gráficos: 60/100
Los vehículos están bien modelados parecen fieles a los originales. Los elementos de los decorados y las pistas son muy interesantes pero los elementos destructibles dan un poco de pena.

Sonido: 60/100

Por poco que te guste el rock, hay que afinar las orejas. En cambio, los comentarios en inglés son muy pesados.

Jugabilidad: 25/100
Entre el arcade y el refrán español “grande ande o no ande” la frontera se diluye. La física es totalmente caprichosa y el sistema de gestión de colisiones grotesco. Las sensaciones de conducción son lamentables. Además la cámara no es lo suficientemente rápida y el resultado es muy aburrido.

Duración: 60/100
Cada una de las cuatro series (más un campeonato) incluyen una decena de pruebas pero solamente las carreras exteriores son dignas de interés. Se pueden también liberar nuevos monster trucks acumulando puntos. ¿Sin embargo, para qué cansarse?

Valoración General: 35/100
A pesar de su realización conveniente y sus circuitos simpáticos, Monster Jam es llevado completamente por una física absurda y una cámara demasiado lenta. La conducta de los vehículos es estresante y la sensación de potencia no está presente. Es curioso querer conducir un camión gigante y acabar controlando una caja de cartón.

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