Un hombre en contra de la contaminación
Escrito por: Juan Luis Pérez en ArticulosVía: Un hombre en contra de la contaminación
La contaminación estaba absorbiendo mis capacidades creativas, y se me hacÃa cuesta arriba la hora del trabajo.

Las playas de la Isla de Samet
Jamás habÃa tenido algún tipo de fobia, pero ahora no podÃa tolerar la contaminación. El problema era que no existÃan, en mi entorno y en mi paÃs, espacios libres de contaminación, y el problema era también que a mi me molestaba la contaminación en todas sus formas.
Hablo de contaminación y me refiero a elementos extraños, no naturales, circulando por atmósferas equivocadas. Me refiero a la exageración en su forma más amplificada.
Me molestaba, enormemente, el ruido del tránsito, el chusmerÃo al que se acoplaban todas las voces femeninas de la oficina, los espacios que no estaban libre de humo, la basura cubriendo todo el territorio de la ciudad, la sirena de los bomberos -que no paraba de sonar-, el olor de la fábrica que no dejaba de emanar sustancias, el agua de color marrón y las caras que no tenÃa ganas de ver.
Entonces renuncié a ese trabajo y decidà renunciar a esa vida repleta de contaminación. No sabÃa que irÃa a ser de ahora en más, la única y primer certeza era que me irÃa lejos, tan lejos como Tailandia.

Cena en la playa, Isla de Samet
Claro, en la búsqueda de sitios con escasa contaminación, me enamoré de un paisaje asiático que, encima, estaba incontaminado: la Isla de Samet – Koh Samet, situada en el golfo de aquel paÃs, a pocos kilómetros de la costa de la provincia de Rayong.
En la oficina todos hablaban de mÃ, me trataban de neurótico, de fóbico, de loco y ninguno podÃa entender que yo sólo querÃa silencio, una dosis de aire puro, bellos paisajes para mis ojos y cierta cuota de armonÃa.
Por suerte, todos esos ingredientes pude encontrarlos en esa isla, de tres kilómetros de ancho y seis de largo, un paraÃso sin igual y, encima, sin contaminación.
Las playas eran maravillosas, el mar cristalino y la vegetación tenÃa un aura salvaje.
Me convenció más la parte sur que la norte, debido a que la primera se conserva casi virgen y la segunda, por la posesión de hoteles y resorts, está un poco contaminada de gente.
Igualmente también me di el lujo de pasear por el noroeste porque, a pesar de la masividad turÃstica, no podÃa cometer el pecado de perderme la playa Had Sai Kaeo y la Ao Hin Hokh.
Por suerte pude disfrutar de mi estadÃa silvestre y glamorosa , sin contaminarme de pensamientos negativos, sin estar pensando que irÃa a ser de mi vida cuando dejara ese lugar.