luzdeagostoJean Paul Sartre, dijo de Luz de Agosto: “El hombre de Luz de Agosto es el hombre de Faulkner, como diríamos el hombre de Dostoievsky o de Meredith. Es el gran animal divino y sin Dios, perdido desde su nacimiento y encarnizado en perderse: cruel, moral hasta el crimen, salvado, no por la muerte sino en la muerte; grande hasta en los suplicios; grande en las humillaciones más abyectas de su carne.”Y André Gide reconoció en alguna ocasión que creyó ‘volverse loco de pena y horror’ al leer esta novela.

¿Qué tiene esta novela que despierta estas reflexiones?

La novela es un retrato de una época y de un ambiente, y de los hombres y mujeres que protagonizaron ambas cosas.

Si pensamos en el título, Luz de agosto, podríamos creer que se trata de una novela ligera (más si tenemos en cuenta que la palabra en inglés es Light, que tiene ambas acepciones: luz y ligero) y, sin embargo, tal como esperábamos en una novela de Faulkner no tiene nada de ‘ligera’. Sin llegar a tener la complejidad estructural de otras obras del mismo autor, no pierde su estilo, derrochando ingenio técnico y un abanico de historias que se entrecruzan hasta formar una especie de red, o, quizás, deberíamos decir mejor, confluencias. Pues las historias de los diferentes personajes van apareciendo, al mismo tiempo que sus protagonistas y todos acaban coincidiendo en un mismo lugar (Jefferson, en los años de la Gran Depresión, en un caluroso fin de semana de agosto).

La novela se inicia con una especie de in media res, a mitad del asunto, una chica llamada Lena, sentada junto a la carretera, mientras que se acerca un carro, piensa: “Vengo de Alabama: buena caminata. Todo el camino, desde Alabama, a patita: buena caminata. (…) aunque no llevo todavía un mes de marcha, estoy ya en Mississippi, más lejos que nunca de casa…”.

Luego sabremos de ella más cosas: está embarazada, se escapó de casa de su hermano y va buscando al padre de su hijo, un tal Lucas Burch, del que le han dicho que está en Jefferson, trabajando en el aserradero.

Es como si ella nos dejara entrar en los sucesos que van a acontecer en su entorno, de los que ella ni tomará parte, aunque esté en el mismo centro.

Y es interesante ese pensamiento inicial de Lena Grove, porque si él sirve de entrada en la novela, volverá a ser otro pensamiento de Lena, el que la cierre: “Caramba, caramba. Lo que rueda una. No hace más que dos meses que salí de Alabama y ya estoy en Tennessee” (me permito reproducir la última frase de la novela, porque no devela el final de los acontecimientos).

Lena llega finalmente a Jefferson (un día que será crucial para el resto de la novela, un sábado a la tarde, el mismo día en el que una casa del pueblo está ardiendo) y se encuentra con Byron Bunch, no es ciertamente ‘su’ Lucas Burch, pero será quien la proteja y la acoja, quien nos guíe a nosotros, lectores de la obra, por algunos de los acontecimientos que de otra manera, no habríamos conocido y quien nos acerque a Joe Christmas y a Gail Hightower (sería interesante un estudio sobre las connotaciones que tienen los apellidos de los diferentes personajes que van apareciendo, pero eso lo dejaremos para un análisis más profundo).

Y serán Christmas y Hightower las dos personalidades más fuertes de la novela, los que tienen un pasado más intenso. Entre ellos no hay ningún vinculo, no se hace referencia en ningún momento a algún encuentro entre ellos, al menos, no hasta el final.

Christmas es un forastero en Jefferson (en realidad, todos son forasteros en Jefferson, sólo que unos han llegado antes que otros), empezó a trabajar en el aserradero y se hizo amigo de otro individuo que llegó después que él, un tal Brown (que, casualmente, sí que será el Lucas Burch que Lena busca, si es que lo busca a él, en realidad). De Christmas en el pueblo se sabe poco: trabaja en el aserradero, como ya hemos dicho, vive en una choza en la propiedad de la señorita Burden (con la que, según los cotilleos del pueblo, tiene relaciones sexuales) y se dedica al comercio ilegal de wishky. Luego sabremos más de él, que tiene (o quizás tenga) sangre negra y que eso lo ha marcado toda su vida. De su infancia le llegan recuerdos de un orfanato, de un viejo bedel que lo vigilaba atentamente, de unos padres adoptivos con unos estrictos principios religiosos. De su juventud, la rebeldía hacia ese padre adoptivo, con el que nada tiene que ver, la huida de su casa y las vueltas que da de un Estado a otro hasta llegar a Jefferson. Y sí, las relaciones con la Burden existen, no son sólo chismes de pueblo.

Y a través del monólogo interior llegamos a conocerle algo más, no mucho más, porque en todos estos personajes hay algo que queda oculto, algo que el lector, ajeno a los hechos, no llega a conocer del todo y que es lo que hace decir a Sartre aquello que leímos más arriba del hombre de Faulkner: “Es el gran animal divino y sin Dios, perdido desde su nacimiento y encarnizado en perderse.”

De Christmas se podría decir que es un ser ‘malo’, pero también nos podríamos preguntar ¿por qué es malo? ¿él elige ser malo o simplemente se deja llevar hasta la maldad? Porque, a veces, nos da la sensación de que le llegan solas las oportunidades, que él no las busca, pero tampoco sabe salir de esas situaciones si no es con la violencia que lo sobrepasa y lo posee. Tiene, sin lugar a dudas, algo de héroe trágico (o quizás de antihéroe).

Y también tiene algo de héroe trágico el otro gran carácter que aparece en la novela, el sr. Hightower, antiguo reverendo que dejó de serlo tras un escándalo matrimonial. Poco a poco iremos descubriendo nuevas facetas de su personalidad, pero lo que lo marca definitivamente es la figura de su abuelo, que murió en Jefferson durante la Guerra Civil. Toda su vida ha intentado resarcirlo, hacerle justicia. Eso fue lo que lo llevó a mover cielo y tierra para que lo trasladaran a Jefferson, eso es lo que hace que, no teniendo a nadie en el pueblo, estando aislado y solo, se quede ahí, esperando, sin saber muy bien qué, pero algo que le haga moverse. Mientras, vive (o sobrevive), leyendo, reflexionando, con un único contacto con el resto del pueblo: Byron Bunch.

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